Dieta y sobrepeso

Durante mucho tiempo algunos estudios sobre nutrición nos han llevado a pensar que nuestro peso corporal depende solo de la cantidad de caloría que ingerimos al día y de los alimentos que llevamos a la mesa. No obstante, la relación entre la dieta y el sobrepeso es mucho más compleja y esta es la razón por la cual muchos planes dietéticos no son aplicados con éxito.
Muchas personas se enfocan en cortar calorías a lo largo del día o en comer solo algunos alimentos y restringir otros, cuando la verdad es que hay muchos elementos que intervienen en nuestro peso, desde aquellos que son hormonales, hasta la actividad física, el descanso y también el cómo nos sentimos y cómo manejamos nuestras emociones.
Por ello, es necesario entender el tema del peso de una maneja completa, evitando el reduccionismo, ya que nuestra talla depende de una gran cantidad de factores y no solo de uno.
La relación entre dieta y sobrepeso: factores que influyen
La relación entre dieta y sobrepeso es mucho más compleja que contar las calorías que “entran o salen” del cuerpo, pues también es relevante la calidad de los alimentos que se consumen, la actividad física, la adopción de hábitos saludables que realmente se puedan mantener en el tiempo y no durante un corto periodo en el que se siga un plan dietético.
Algunos factores que ayudan a entender el sobrepeso como un fenómeno complejo y que muchas veces se integran como un estilo de vida, son los siguientes:
Eje estrés-cortisol: los niveles de cortisol aumentan en períodos de estrés, lo cual produce alteración en todo el sistema metabólico, promoviendo incluso el almacenamiento de grasa.
Hormonas de la saciedad y del hambre: la ghrelina es la llamada «hormona del hambre» y la leptina es conocida como la «hormona de la saciedad»; cuando hay resistencia a esta última hormona, el organismo activa una búsqueda constante de comida y el cerebro no atiende la señal de saciedad. El estrés y el no dormir bien pueden desregular el equilibrio entre estas hormonas.
Falta de descanso: el no dormir bien produce desequilibrios en la glucosa y aumenta la resistencia a la insulina, lo cual provoca más hambre al día siguiente, con especial interés en los carbohidratos refinados.
Comida como anestesia: ante las emociones de la soledad o la tristeza, el cerebro encuentra alivio inmediato en la comida; también cuando ante el aburrimiento o la ansiedad. Eventos como los traumas también generan malestar emocional y el cerebro puede buscar recompensa en la ingesta compulsiva.
Uso de medicamentos: algunos fármacos como los antihistamínicos, antidepresivos y corticoides pueden alterar el metabolismo.
El sedentarismo y otros factores también pueden llevar a un aumento del peso. Inclusive, hay determinantes que son sociales, como las ciudades con diseños no caminables, que pueden influir en la actividad diaria; también importan los horarios laborales, el acceso a los alimentos frescos y otros.
Todo ello hace que el abordaje del peso necesite ser atendido de forma individual, atendiendo la salud integral de cada persona, más que enfocarse en seguir dietas que han funcionado a unos pocos, pero no a todos, ya que esto puede llevar a sentir más frustración y generar el efecto contrario al que se desea.

Hacia un enfoque más consciente de la alimentación
El cuidado de sí mismo y el amor propio son aspectos que no se deberían mirar solo desde la corporeidad, ya que el sobrepeso y obesidad pueden estar enviando un mensaje sobre cómo es la relación de la persona con la comida o si está viviendo momentos de estrés o tensión, y esto no es posible de observar a través de los números de la báscula.
La idea principal debería ser la de adoptar una alimentación consciente, adoptando cambios pequeños, pero que se puedan sostener en el tiempo, a diferencia de una dieta que se asume desde la prohibición o la restricción de alimentos.
Es cierto que se debe priorizar una alimentación balanceada, pero también es verdad que comer con los cinco sentidos, prestando atención a las texturas, aromas y colores, por ejemplo, aumenta la satisfacción sensorial y el cerebro tiene más oportunidad de hacernos saber cuándo estamos llenos, a diferencia de cuando se come deprisa.
Asimismo, es aconsejable evitar las distracciones al comer, como ver el teléfono, la computadora o la televisión y permitir que el cerebro atienda bien las señales de hambre y saciedad.
Este proceso de aprendizaje puede ayudar a transitar un nuevo camino que nos lleve a una mejor relación consciente con la alimentación y no tiene que hacerse a solas, ya que hay profesionales certificados que pueden acompañar, estableciendo cambios que se adapten al estilo de vida de cada individuo, entendiendo la complejidad humana más allá de la pura biología.
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